¿Por qué no nos medimos con la misma vara?

¿Por qué ver a un hombre pasando sus 50s, con flacidez en los brazos o una panza similar a la de un embarazo de 6 meses nos parece aceptable pero las mismas características en una mujer nos parecen desagradables?

Lo vemos en todo, en las películas hollywoodenses como «babygirl», donde Nicole Kidman de 57 años luce un cuerpo espectacular, abdomen plano, cuerpo ejercitado, senos operados y firmes y sólo es visible su edad en sus manos y en algunas zonas de su cara. Por otro lado, tenemos a su pareja en la película representado por Antonio Banderas de 64 años con senos colgados, una barriga prominente, flacidez en brazos, bueno, todo eso que a Nicole no se le permitiría para hacer las escenas explicitas que requiere su personaje. ¿Por qué?, ¿por qué los estándares de belleza para las mujeres son mucho más exigentes?

Esto tiene raíces históricas, las mujeres hemos sido objeto de control y deseo y esto nos ha llevado a una representación de roles sexuales en la literatura, el arte, los medios de comunicación. Hoy en día, seguimos manteniendo estas conductas y pensamientos machistas hacia las mujeres y no sólo los hombres nos ven así, también las mujeres nos vemos así y es entendible porque todos hemos crecido y nos hemos desarrollado dentro de esta cultura.

La sexualización muchas veces es utilizada como una herramienta de control para limitar nuestra autonomía y capacidad para establecer nuestra propia identidad, entonces, si ya nos dijeron como debemos de ser, ya no hay cabida para que nosotras decidamos como queremos ser.

Los medios de comunicación han reforzado estos estereotipos y ahora con las redes sociales es exagerado cómo los estándares que nos imponen a las mujeres se elevan cada día más. Filtros en Instagram, fotos de maquillajes donde se da la idea de que no existen las texturas o poros en la piel, rutinas de belleza carísimas y engañosas porque te hacen pensar que lograras esos resultados con las cremas, sueros o el producto que estén publicitando, cuando los obtuvieron mediante intervenciones estéticas.

¿Si no se lo exigimos a los hombres porque nos lo exigimos a nosotras mismas o a otras mujeres? Y no se trata de no querernos, de no cuidarnos, se trata de dejar de ponernos en riesgo por intentar alcanzar esos estándares y descuidar nuestra salud mental.

Al entender que el trasfondo es dejar de vernos como objetos de deseo, dejar de pensar que nuestro valor está en nuestro físico, valorarnos a nosotras y a otras mujeres por lo que son y hacen, podremos romper con esta cultura, podremos dejar de cosumir ese contenido con el que nos bombardean, podremos liberarnos y liberar a las demás y por fin, definir nosotras, cómo queremos ser.

¿Acaso no nos damos cuenta de que está en nuestras manos?

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